¿Docentes guardabosques o maestros jardineros?
¿La escuela educa ó la
escuela forma? ¿Cuál es la transformación que puede hacer la escuela?
Al ingresar a la escuela, normalmente un niño ya
está socializado, aprendió normas, valores, creencias, formas de vida, usos y
costumbres. Incorporó, en forma espontánea, una concepción de mundo y de cómo vivir en él. La escuela, entonces, debería lograr que los alumnos desarrollen placer por
aprender.
Aquí entran
a tallar dos conceptos que magnifican o aplastan la idea del placer:
educación/formación. La escuela es realmente educación, porque produce cambios
significativos en las conductas de los alumnos, positivos o negativos; pero también
la escuela produce formación, porque aparte de enseñar contenidos de ciencias
desde disciplinas, enseña lo que se hace bien o mal, tiene un régimen de calificaciones, acreditaciones, promociones y
de convivencia, de las que los niños y sus familias se apropian tempranamente y
las trasladan a sus hogares. Las relaciones entre los actores de las instituciones educativas están
cargadas de signos significativos, “con sensibilidad o falta de ella, con
sexismo o igualdad, respeto o falta de respeto, formas de comportamiento
solidarias o egoístas” ( Santos Guerra, 2008). La formación apunta a una
evolución del pensamiento y los alumnos, padres y los docentes en las
instituciones escolares terminan “transformándose o deformándose”.
En estas instituciones sociales se desarrolla
un imaginario y un simbólico del deber ser. Si nos remitimos al nacimiento de
las instituciones de Freud en su obra “Tótem y Tabú”, podemos encontrar la
hipótesis central de su obra en la irrupción de
una fuerza que rompe la armonía existente y necesita de un signo que le recuerde a las
fuerzas que antes gobernaban. Sin duda,
esta interpretación particular como etnógrafa de la obra de Freud, me sirve
para reflexionar sobre los instituídos y
los instituyentes y los efectos en la educación y en la formación de docentes y
alumnos (y sus familias).
La educación, tal como
la conocemos hoy, procede del proceso
social que se llamó “Ilustración”, ubicada en
los siglos XVIII y XIX, y que
se concretó en el espacio educativo en
la escuela y el aula como organización político-administrativo.
Estas instituciones
educativas atraviesan hoy una crisis de
autoridad, donde el triángulo de poder: contenido/docente/alumno, que ha
sufrido rupturas en los cinco vectores:
encierro, autoridad, moldeado, monopolio de contenidos y vigilancia, como
espacios de inculcación de saberes que el filósofo francés Michel Foucaut,
llamó “sociedades disciplinarias”.
La crisis por la que
atraviesa la escuela se manifiesta en el
desarme de ese dispositivo disciplinario a partir de las NTIC, del quiebre de la figura tradicional del docente como
autoridad y de la escuela como “templo del saber”; pero el proceso que
garantizaba la eficacia del triángulo era el “moldeado” donde el alumno es un
ser pasivo,” la materia inerte dispuesta a recibir la forma proveniente
del docente”. A partir de que la materia amorfa es considerada “formada”, por
el reconocimiento de la socialización, la función del docente como “molde” comienza a ser cuestionada y los
conocimientos ya no son tesoros administrados desde la escuela, sino que
entran en redefiniciones e incorporaciones permanentes, donde el alumno participa al aprender y el docente
debe seguir siendo alumno para poder enseñar.
La totalidad desaparece, nadie es dueño de lo
total.
La formación supera a
la educación en permanecer a lo largo de toda la vida.
Aparecen nuevos
conceptos, introducidos por Deleuze, que atraviesan a la educación, superando
al moldeado: el modelaje y la modulación.
El modelaje, es el
camino intermedio entre el moldeado y la modulación. La materia, el alumno, no es tan “tabula rasa” ni tan formada, sino que tiene formas básicas que se
ponen en relación con otros y asumen formas nuevas, de acuerdo a necesidades e
intereses.
La escuela hoy está
produciendo cambios que justificarían
modos de apropiación diferentes en la escritura y el cálculo. Pasa de la
linealidad de la oración a la hipertextualidad del texto, de una verdad a
muchas verdades, etc.
En estos cambios, los alumnos deberían
aprender usando nuevas herramientas
tecnológicas, como por ejemplo el blog. El blog para los alumnos, aún pequeños,
desarrolla nuevas subjetividades en la
forma de enseñar y en la manera de aprender. Se trata de estimular “la
reflexión y curiosidad del otro”, como diría Bion, a fin de despertar y
desarrollar el interés y la búsqueda del saber.
Desde el rol docente, el maestro asume que
podemos enseñar a otros desde la posibilidad de que el alumno también
sea autor. La escritura en formatos textuales o poéticos, los cálculos
matemáticos, las investigaciones sociales, los proyectos emergentes sobre
problemáticas que afectan a las personas y al medio ambiente, por ejemplo, tienen, en la escuela destinatarios inexistentes,
desde autorías que sólo son gratificadas con notas para los boletines
escolares, lo que no ofrece satisfacciones reales a los alumnos en el deseo de aprender
y de disfrutar los trayectos escolares; lo que conduce a los alumnos a ser “apáticos y violentos” en la adolescencia.
El blog permite desviar el modelo clásico de la educación y transformar la desigualdad en el uso del dispositivo
escolar del enseñar/aprender/evaluar.
Sirve para elucidar que la incorporación de datos aleatorios y de manera
compulsiva que sólo sirven para “llenar
las mentes” y cubrir los tiempos y espacios escolares no producen saberes y
atentan contra las infancias y su desarrollo.
Los docentes deberían promover que los
alumnos tengan su propio blog. Para las escuelas que no cuentan con conexión en
red, se promoverían visitas a un ciber o
la participación de la familia en la creación y seguimiento del blog en la
computadora del hogar o se podría utilizar
bitácoras con plantillas vacías y compartirlas en el espacio áulico o en “ferias de ciencias”
escolares o interescolares.
Se invalidan las excusas de las “pobrezas” de los alumnos, ya
que son los niños que provienen de exclusiones familiares y sociales, los que también tienen mayores
índices de abandono y fracasos escolares. El uso de las nuevas tecnologías debería servir para
mejorar la enseñanza y romper los discursos
de profesías autocumplidas de que
los niños pobres no aprenden.
Necesitamos docentes formados para utilizar
pedagógicamente la tecnología digital, explorando, junto a sus alumnos, nuevas
formas de aprender.
La creación del blog
no está previsto como una forma de utilizar las tecnologías para entretener o
para ocupar los recursos de la escuela y mantener aportes económicos de
programas nacionales como PIIE, por ejemplo.
Los alumnos, con esta
metodología podrían usar formatos
textuales donde desarrollen sus
pensamientos y aprendizajes de las distintas asignaturas. Se daría una verdadera
interdisplinariedad desde la lengua y
lenguaje como transversal, ya que el alumno, más allá de las competencias lingüísticas, desarrolla competencias comunicativas,
que la escuela tradicional no promueve.
La resignificación del
blog con fines pedagógicos permite también cambiar la mirada de la evaluación, ya que serían los alumnos
los que elegirían sus mejores producciones, con regularidad pactada entre docentes
y alumnos, para ser evaluados en
competencias y aprendizajes
prioritarios.
Con el blog, los
alumnos son autores y saben que tienen
destinatarios reales, lo que hace más atractivo el aprender.
Tomando las imágenes
usadas por el sociólogo polaco Zygmunt Bauman, para describir la situación de
la educación en la
Ilustración, que es la de la contraposición entre un
guardabosque y un jardinero y adaptándola a lo dicho anteriormente y al rol del
docente en el siglo XXI, puedo llegar al título de esta obra, considerando que:
el guardabosque es alguien que protege
la proliferación de la vida en el interior de un territorio; el jardinero es
alguien que trabaja minuciosamente dentro de ese territorio para que la vida no
prolifere, sino para que se desarrolle de manera ordenada.
La metáfora del jardinero de Zygmunt
Bauman hace referencia a la contraposición entre culturas cultivadas,
producidas, dirigidas y diseñadas por una parte y las culturas silvestres o
“naturales” por otra. En la primera prima la noción de la necesidad de un poder
que ejerza un diseño artificial, ya que el jardín en que la sociedad se ha
convertido no tiene los recursos necesarios para su propio sustento y autorreproducción
por lo que es dependiente de este poder. En las culturas silvestres, en cambio,
los recursos de autorreproducción estaban en la propia sociedad y en sus lazos
comunitarios, lo que les permitía saber cuáles eran las malas hierbas, las
malezas, y cómo eliminarlas.
Dichas malezas que crecen en las periferias de la sociedad
serán los pobres entendidos como clases peligrosas sobre los cuales se aplican
y recaen las fuerzas del poder pastoral, al decir foulcaultiano, aunque
Bauman, de un modo más inquietante, ha señalado que la realización completa del
Estado jardinero se encuentra en el Estado totalitario propio del siglo XX, que
encuentra sus malezas ya sea en el judío o en cualquier sujeto posible del
genocidio. En ultima instancia el genocidio sería la máxima concreción de la
jardinería social, la depuración de las malezas en función de la concreción de
una imagen de lo que el jardín debe ser. Nótese que esta metáfora se afirma en
la noción de biopoder,
y sus técnicas anatomopolíticas y biopolíticas, de Michel
Foucault. Para ver cómo el autor ha seguido desarrollando la metáfora del
jardinero como Estado totalitario y su expresión en el genocidio; Zygmunt
Bauman. “Modernidad y Holocausto.” Pág. 148 y siguientes. Para las implicancias
estéticas de esta metáfora ver “La posmodernidad y sus descontentos.” Pág. 13 y
siguientes.
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Un país diferente: Jóvenes, TIC y Desarrollo
Un país diferente
Jóvenes, TIC y Desarrollo
"El proyecto TEDEL fue pensado como una estrategia posjble para lograr
un desarrollo diferente, equitativo, equilibrado, integrado e
integrador", afirman Angélica Abdallah, Mercedes Martín y Flavio
Ruffolo, autores de Un país diferente, jóvenes, TIC y desarrollo, nuevo libro
editado por Prometeo.
En esta novedad editorial se describen cinco experiencias de investigación y
promoción de iniciativas de desarrollo local mediante la aplicación de nuevas
formas de trabajo. Este proceso se orientó hacia el desarrollo profesional,
cultural y social de un pequeño grupo de jóvenes argentinos de cinco pueblos
de Buenos Aires, Santiago del Estero, Chaco, La Pampa y Catamarca,
comunidades enclavadas en territorios postergados por la distancia con los
grandes centros urbanos y por las difíciles condiciones de vida.
Es en este sentido que en el libro, al igual que en el proyecto Tedel, los
autores han depositado saber y experiencia académica y profesional, pero
también sentimientos y deseos de construir una sociedad mejor.
Para más información o entrevistas con los autores:
Prensa Editorial Prometeo
Mónica Irina Dombrover
4862-6794 / prensa@prometeoeditorial.com
El proyecto TEDEL (Teletrabajo, nuevas formas de trabajo y desarrollo local)
ha sido implementado por la Asociación Argentina de Teletrabajo y consistió
en la imprementación de cinco experiencias piloto de investigación y
promoción de iniciativas de desarrollo local mediante la aplicación de nuevas
formas de trabajo.
Se desplegó a lo largo de cinco localidades del territorio argentino: Benito
Juárez (Buenos Aires), Fernández (Santiago del Estero), Villa Ángela (Chaco),
25 de mayo (La Pampa),
Belén (Catamarca).
TEDEL ha sido un proyecto innovador, de investigación aplicada, cuya riqueza
reside en su capacidad de introducir a las comunidades en el uso y
apropiación de TIC, colocándolas en el camino de las nuevas formas de
trabajo, abriéndose las puertas de la Sociedad de la Información y
presentándolas para insertarse en la nueva economía. Entre sus elementos
principales se destacan el teletrabajo, las nuevas formas de trabajo y el
desarrollo local como factores de generación de nuevas oportunidades de
empleo en pequeñas y medianas localidades semi rurales
AUTORES
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Angélica Abdallah
Consultora e Investigadora independiente en el área de Nuevas Tecnologías
aplicadas a la Educación,
el Trabajo y el Desarrollo Social y Local (TICpD).
Lic. en Administración (Universidad Argentina de la Empresa).
Asesora y consultora de Empresas (www.gestiontotal.com.ar) y Docente de
Educación Superior.
Miembro del Equipo Directivo de la Asociación Argentina
de Teletrabajo (www.aat-ar.org).
Directora del Proyecto "TEDEL. Teletrabajo, nuevas formas de trabajo y
desarrollo local" (www.tedel.org).
Miembro de la red somos@telecentros (www.tele-centros.org) y de
telecentre.com (www.telecentre.org).
Mercedes Martín
Licenciada en Ciencias de la
Educación (Universidad de Buenos Aires, Argentina).
Especialista en Educación y Nuevas Tecnologías (FLACSO).
Docente de la
Carrera Ciencias de la Educación, Facultad de Humanidades y Ciencias
de la Educación
de la
Universidad Nacional de La Plata.
Miembro del Equipo Directivo de la Asociación Argentina
de Teletrabajo (www.aat-ar.org).
Investigadora principal del Proyecto TEDEL (Teletrabajo y Desarrollo local.
Nuevas formas de trabajo para el desarrollo) - www.tedel.org.
Consultora de Capacitación en Empresas (www.andamioseducativos.com.ar).
Moderadora de nodos y espacios virtuales de trabajo y aprendizaje.
Flavio Ruffolo
Profesor de Historia, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos
Aires.
Magister en Dirección Estratégica de Recursos Humanos, Universidad de Buenos
Aires.
Estudios con especialización en Historia Económica (Universidad de Pavia,
Italia, y Universidad de Wisconsin, US).
Profesor Adjunto de la
Facultad de Ciencias Económicas y en el Ciclo Básico Común
de la Universidad
de Buenos Aires.
Miembro del Equipo Directivo de la Asociación Argentina
de Teletrabajo (www.aat-ar.org).
Consejero Administrador del Banco Credicoop Cooperativo Limitado.
Investigador y autor de varias publicaciones especializadas en el país y en
el extranjero.
Investigador principal del Proyecto TEDEL (Teletrabajo y Desarrollo local.
Nuevas formas de trabajo para el desarrollo) - www.tedel.org.
Fue consultor del Instituto Nacional de Administración Pública y en Carlos
Altschul Consultores.
INFORMACIÓN BIBLIOGRÁFICA
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Un país diferente. Jóvenes, TIC y desarrollo
Relato basado en la experiencia del Proyecto TEDEL
Autores: Angélica B. Abdallah, Mercedes Martín y Flavio Ruffolo
ISBN: 978-987-574-238-3
196 páginas
Precio: $ 39
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Del moldeado a la modulación
" ...cada
sociedad se hace un cierto ideal de hombre, de lo que él debe ser tanto desde
el punto de vista intelectual como físico y moral ; que dicho ideal es, en
cierta medida, el mismo para todos los ciudadanos; que a partir de cierto
punto se diferencia según los medios particulares que toda sociedad comprende
en su seno. Ese ideal, a la vez uno y diverso, es el polo de la educación.
Esta tiene pues, por función suscitar en el niño: 1°, cierto número de estados
físicos y mentales que la sociedad a la que pertenece considera que no deben
estar ausentes en ninguno de sus miembros; 2°, algunos estados físicos y
mentales que el grupo social particular (casta, clase, familia, profesión)
considera igualmente que deben estar presentes en todos aquellos que la
integran (...) La sociedad no puede vivir a menos que exista entre sus
miembros una suficiente homogeneidad (...) Pero, por otro lado, sin cierta
diversidad, toda cooperación se volvería imposible: la educación asegura la
persistencia de esa diversidad necesaria diversificándose ella misma y
especializándose."
DURKHEIM, Émile. Educación y Sociología, Schapire Editor, Buenos
Aires, 1974.
La figura del “autodidacta” acaso sea la
contracara de la operación de moldeado que llevó a cabo la Ilustración en las
distintas “instituciones de secuestro”, en particular en la escuela. El
autodidacta es aquel que se resiste a ser considerado una tábula rasa, y que
busca formarse por medios distintos a los que le imponen los discursos y
obligaciones sociales. El escritor argentino Roberto Arlt, que fue echado de
la escuela en tercer grado “por inútil”, es considerado el “autodidacta” por
antonomasia de las letras criollas. Como lo ha advertido Ricardo Piglia, en
El juguete rabioso (1926), el robo a la biblioteca y el incendio a la
librería perpetuados por Silvio Astier, tal vez funcionen como pequeñas
rebeliones a ese modo hegemónico de concebir el saber y la cultura letrada.
La participación activa del alumno: el
joven receptor pasivo, la materia inerte dispuesta a recibir la forma
proveniente del docente, es llamado a colaborar activamente en su propia
formación. Esto es, se lo considera alguien provisto de forma, y cuyo
moldeado no está limitado al espacio de una clase, un año lectivo o una
institución educativa, sino que supone que su cuerpo y su conciencia deben
ingresar en su proceso de formación ya no como la arcilla amorfa, sino como
una materia cuya forma tiene que entrar en resonancia con la forma que se
pretende dar. Y esa forma debe cambiar a mucha más velocidad porque ya no
está ritmada exclusivamente por las tecnologías de moldeado previstas por la
clase, el aula, el año lectivo, la institución. Que el alumno deba participar
significa que su palabra no tiene que ser la palabra del docente retomada,
sino que ambas palabras, la del docente y la de los alumnos, tienen que
entrar en resonancia. Se trata de un conflicto que todo docente debe
gestionar con cuidado, porque las instituciones educativas fueron creadas con
el principio del moldeado y la participación de los alumnos, como muchos de
nosotros habremos experimentado, no siempre es una garantía de mejora de la
función docente. En la participación activa del alumno reaparece la
particular pedagogía de Jacotot durante el siglo XIX.
La
formación permanente del docente: el docente ya no se percibe a sí
mismo como el transmisor de los contenidos universales. A medida que la
materia amorfa es considerada parcialmente formada, su propia función de
molde está en tela de juicio. Como dirá Deleuze, en las sociedades
disciplinarias las personas eran alumnos por un tiempo, pero hoy todos son
alumnos. Y entre los principales alumnos están los docentes. Los organismos
que regulan a la docencia exigen que el docente esté continuamente incorporando
nuevos conocimientos. Dicho de otro modo, en tanto nunca deja de ser alumno,
el docente nunca termina de ser docente. Este mismo curso puede estar
funcionando, para algunos de ustedes, como una de esas instancias de
“formación permanente”, lo que nos llevaría a otra paradoja, distinta de la
desigualdad y la igualdad en los tiempos de la Ilustración: lo que
se aprendería aquí es que estamos en un proceso donde nunca se deja de
aprender. Este curso, con su contenido, afirma que ya no hay contenidos
definitivos. Como ocurre con la participación activa del alumno, la exigencia
de la formación permanente hace estallar no pocos conflictos en el seno de la
institución educativa, porque lo que está en juego es la tensión entre una
ignorancia admitida (el “maestro ignorante”, para continuar con el ejemplo de
Jacotot, que todos debemos asumir que somos como incentivo para “superarnos”)
y una ignorancia impuesta (el maestro “hecho ignorante” que debe multiplicar
sus cursos para mejorar su puntaje y continuar en la función docente).
La crisis
de los conocimientos universales: si el alumno debe participar y el
docente debe seguir siendo alumno para ser docente, parece claro que los
contenidos mismos de la enseñanza entran en un proceso de redefinición
permanente. La adquisición y transmisión de los conocimientos universales
suponen que existe un momento en que dichos conocimientos pueden ser tomados
en su totalidad. Cuando la formación es permanente y cuando el conocimiento
del alumno cuenta, esa noción de totalidad desaparece; es tan evidente esta
cuestión que son los propios organismos educativos, garantes de dichos
conocimientos, quienes llevan a sus docentes hacia la no interrupción de su
formación. Esta crisis es doble. Por un lado, existen efectivamente nuevos
temas, nuevas teorías, hasta nuevas ciencias y saberes que deben ser
incluidos en las currículas. Por el otro, se desarrollan nuevas teorías
pedagógicas que intentan complejizar la figura del moldeado hacia la
modulación, cambiando hasta la división misma de los saberes (todas las
reformas educativas de los últimos años, las más aceptadas y las más
controvertidas, son ejemplos de esto). El docente debe tener la flexibilidad
suficiente para incorporar nuevos conocimientos, así como nuevos modos de
impartirlos.
Mucho antes del
período que se dio en llamar Ilustración, la Antigüedad había
concebido a la acumulación de conocimiento como la fuente más importante
del saber. La biblioteca de Alejandría, fundada por Alejandro el Magno e
incendiada en el 391 DC, fue leída como un símbolo de ese poder que anidaba
en el interior de cada libro. En la “Biblioteca de Babel”, Borges escribe:
“cuando se proclamó que la
Biblioteca abarcaba todos los libros, la primera
impresión fue de extravagante felicidad. Todos los hombres se sintieron señores
de un tesoro intacto y secreto. No había problema personal o mundial cuya
elocuente solución no existiera: en algún hexágono”. Evidentemente algo de
esta confianza en los libros y aquello que pueden enseñarnos prevaleció en
los cimientos sobre los que se erigieron las escuelas y universidades
modernas. No menos cierto es que esa confianza muchas veces fue puesta en
duda, avenida la crisis moderna.
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Para completar el carácter complejo y abierto de este panorama,
basta señalar, que estas transformaciones
no obedecen en forma exclusiva a modificaciones internas al proceso educativo
sino que las mismas instituciones educativas, en países como Argentina, están
llamadas a cumplir roles inéditos, relacionados con la crisis política y
socioeconómica, mientras se les exige que adapten su papel regulador, que es
el de aprobar a los alumnos para permitirles continuar con el moldeado, a la
nueva situación. Así, por ejemplo, si las escuelas públicas reciben fondos
provenientes de distintos programas de financiamiento para paliar sus
dificultades económicas, sea de ONGs o de los propios gobiernos nacionales o
provinciales, en la medida en que dichos fondos dependen de la cantidad de
alumnos, estas escuelas funcionarán de manera clientelar: un alumno significa
dinero para seguir funcionando, con lo cual la cuestión del examen se
desdibuja completamente y los conocimientos dejan de importar. Sin abrir en
este punto el debate profundo acerca de la educación pública y la privada, no
se puede desconocer este tipo de situaciones. Otro ejemplo es el del rol
social de la escuela pública: si una escuela está ubicada en un barrio de muy
escasos recursos, o en una villa de emergencia, su actividad estará
relacionada casi exclusivamente con la contención social. ¿Cuál es allí la
docencia que se ejerce? ¿Cuál es el criterio para considerar exitoso el
moldeado? Nos aproximamos entonces a una nueva versión de la transformación
del moldeado, que ya no es su paso por la modulación educativa, sino la
entrada de la escuela en otro proceso social que quizás siga siendo
educación, pero no la educación clásica.
En síntesis, la escuela deja de ser el “templo del saber”; no
sólo porque hoy está en relación con otro tipo de actividades, sino porque en
tanto templo el sacerdote que oficia la misa no sabe exactamente qué tiene
que decir ni cómo hacerlo y los feligreses ahora pueden participar de la
manera en que se desarrolla de la misa, e incluso modificar en algo sus
contenidos. Sin embargo, aquí es donde nuevamente debemos adoptar un punto de
vista descarnado, distante, porque la escena, tal como la hemos visto, sólo
destaca el borramiento de ciertos aspectos clásicos de la educación y coloca
al docente en un lugar semejante al de la “víctima” que sufre cambios en los
que nada tiene que ver. Más allá de que esa pueda ser la impresión íntima de
más de un docente, esta posición carece de fuerza para actuar en la
institución educativa. ¿Por qué no ver en el nuevo escenario una oportunidad
para experimentar lo que pueden esos cuerpos que ya no están moldeados, para
crear? ¿Por qué no considerar la modulación, según el triángulo propuesto,
como una revitalización de la relación entre el docente, el alumno y el
espacio educativo, dominado durante muchos años por los roles fijos asignados
por la “transmisión de conocimientos”?
La escuela es una de las instancias donde se manifiesta más
ostensiblemente el desarme del dispositivo disciplinario. En lo que tiene que
ver con la modulación, su quiebre respecto de la figura tradicional de
moldeado implica tanto el lugar de una nueva determinación “externa” a la
experiencia docente como una condición de posibilidad de la invención de un
nuevo tipo de docencia. Es por ello que la discusión sobre la modulación
reviste particular importancia para problematizar la docencia hoy y dotarla
de nuevos espacios de actividad, experimentación y transformación. Si de
ambas caras de la modulación se elige la determinación, entonces la figura de
víctima es la que mejor responderá a la autopercepción del docente. Pero en
la medida en que la escuela, hoy mismo, está produciendo nuevas
subjetividades, tratando con problemas novedosos, gestionando de algún modo
el cambio general de roles de las instituciones disciplinarias, trabajando en
otros escenarios donde ya no hay recetas como en la gestión educativa
tradicional, existe un lugar creativo que el docente se encuentra
efectivamente ejerciendo, lo perciba o no. Se trata, entonces, de potenciar
este lugar para hacer de la modulación una condición efectiva de la educación
y no meramente la acción que tomó la posta de un moldeado en vías de
extinción para continuar con una idea de educación que irá encontrando, de
ese modo, más obstáculos que positividades.
Quizás necesitemos observar la escena como si nunca la
hubiéramos visto. Hay un espacio, que puede ser más o menos amplio, donde se
disponen una cierta cantidad de personas sin moverse demasiado durante una
cierta cantidad de tiempo (encierro). Los cuerpos dentro de ese
espacio parecen obedecer a dos o tres posturas que se mantienen durante ese
tiempo sin cambiar demasiado (moldeado). Existe un cuerpo que
concentra las miradas y a la vez de este cuerpo parece emerger una especie de
centro que mantiene a raya los movimientos del resto de los cuerpos (vigilancia).
Si además de despertar la vista despertamos nuestros oídos, veremos que ese
cuerpo “central” emite palabras constantemente y que los demás cuerpos sólo
hablan como un efecto de reacción (monopolio de los contenidos). Y si
además de despertar los sentidos tratamos de entender qué está pasando,
veremos que al menos ese cuerpo “central y monopólico” parece ejercer una
autoridad derivada justamente de la emisión de esas palabras (legitimidad),
apoyado por un dispositivo visual que refuerza su centralidad (el pizarrón).
Se intentará entonces trabajar acerca de todas las
modificaciones que se produjeron en los últimos años en esta escena y qué
escenarios nuevos de pensamiento y acción emergen.
1. ¿Consideran que los cinco vectores en relación con las
crisis o algunos de ellos siguen
manteniendo su vigencia en la educación actual?
2. ¿Podría agregarse algún vector más o algunas crisis, cuyos
aspectos no estén comprendidos en los ya citados?
3. ¿Qué queda de la
escena descripta en el cierre del
texto?
4- ¿Qué ejemplos de su experiencia docente pueden aplicarse
a los
esquemas presentados ?
Para saber más : se podría
analizar la figura de las “sociedades de control” de Gilles Deleuze como
un modo privilegiado de vincular esta problemática a la cuestión de las
“nuevas tecnologías de información”, que no es en principio, por más que lo
parezca, un problema “tecnológico”. “Los medios del buen encauzamiento”, en
Michel Foucault, Vigilar y castigar, varias ediciones
|
Freud, S.( ) Tótem
yTabú
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