viernes, 24 de agosto de 2012



 ¿Docentes guardabosques o maestros jardineros?

¿La escuela educa ó la escuela forma? ¿Cuál es la transformación que puede hacer la escuela?
Al ingresar a la escuela, normalmente un niño ya está socializado, aprendió normas, valores, creencias, formas de vida, usos y costumbres. Incorporó, en forma espontánea,  una concepción de mundo  y de cómo vivir en él. La escuela, entonces, debería  lograr que los alumnos desarrollen placer por aprender.
 Aquí entran a tallar dos conceptos que magnifican o aplastan la idea del placer: educación/formación. La escuela es realmente educación, porque produce cambios significativos en las conductas de los alumnos, positivos o negativos; pero también la escuela produce formación, porque aparte de enseñar contenidos de ciencias desde disciplinas, enseña lo que se hace bien o mal, tiene un régimen de  calificaciones, acreditaciones, promociones y de convivencia, de las que los niños y sus familias se apropian tempranamente y las trasladan a sus hogares. Las relaciones entre los  actores de las instituciones educativas están cargadas de  signos significativos, “con sensibilidad o falta de ella, con sexismo o igualdad, respeto o falta de respeto, formas de comportamiento solidarias o egoístas” ( Santos Guerra, 2008). La formación apunta a una evolución del pensamiento y los alumnos, padres y los docentes en las instituciones escolares terminan “transformándose o deformándose”.
 En estas instituciones sociales se desarrolla un imaginario y un simbólico del deber ser. Si nos remitimos al nacimiento de las instituciones de Freud en su obra “Tótem y Tabú”, podemos encontrar la hipótesis central de su obra en la irrupción de  una fuerza  que rompe la  armonía existente  y necesita de un signo que le recuerde a las fuerzas que antes  gobernaban. Sin duda, esta interpretación particular como etnógrafa de la obra de Freud, me sirve para  reflexionar sobre los instituídos y los instituyentes y los efectos en la educación y en la formación de docentes y alumnos (y sus familias).
La educación, tal como la conocemos hoy, procede  del proceso social que se llamó “Ilustración”, ubicada en  los siglos  XVIII y XIX, y que se  concretó en el espacio educativo en la escuela y el aula como organización político-administrativo.
Estas instituciones educativas atraviesan hoy  una crisis de autoridad, donde el triángulo de poder: contenido/docente/alumno, que ha sufrido rupturas  en los cinco vectores: encierro, autoridad, moldeado, monopolio de contenidos y vigilancia, como espacios de inculcación de saberes que el filósofo francés Michel Foucaut, llamó “sociedades disciplinarias”. 
La crisis por la que atraviesa la escuela  se manifiesta en el desarme de ese dispositivo disciplinario a partir de las NTIC, del quiebre  de la figura tradicional del docente como autoridad y de la escuela como “templo del saber”; pero el proceso que garantizaba la eficacia del triángulo era el “moldeado” donde el alumno es un  ser pasivo,” la materia inerte dispuesta a recibir la forma proveniente del docente”. A partir de que la materia amorfa es considerada “formada”, por el reconocimiento de la socialización, la función del docente como “molde”  comienza a ser cuestionada y los conocimientos ya no son tesoros administrados desde la escuela, sino que entran  en redefiniciones  e incorporaciones permanentes, donde  el alumno participa al aprender y el docente debe seguir siendo alumno para poder enseñar.
La  totalidad desaparece, nadie es dueño de lo total.
La formación supera a la educación en permanecer a lo largo de toda la vida.
Aparecen nuevos conceptos, introducidos por Deleuze, que atraviesan a la educación, superando al moldeado: el modelaje y la modulación.
El modelaje, es el camino intermedio entre el moldeado y la modulación. La materia, el alumno,  no es tan “tabula rasa” ni tan  formada, sino que tiene formas básicas que se ponen en relación con otros y asumen formas nuevas, de acuerdo a necesidades e intereses.
La escuela hoy está produciendo cambios que justificarían  modos de apropiación diferentes en la escritura y el cálculo. Pasa de la linealidad de la oración a la hipertextualidad del texto, de una verdad a muchas verdades, etc.

En estos cambios, los alumnos deberían aprender usando  nuevas herramientas tecnológicas, como por ejemplo el blog. El blog para los alumnos, aún pequeños, desarrolla nuevas  subjetividades en la forma de enseñar y en la manera de aprender. Se trata de estimular “la reflexión y curiosidad del otro”, como diría Bion, a fin de despertar y desarrollar el interés y la búsqueda del saber.
Desde el rol docente, el maestro asume  que  podemos enseñar a otros desde la posibilidad de que el alumno también sea autor. La escritura en formatos textuales o poéticos, los cálculos matemáticos, las investigaciones sociales, los proyectos emergentes sobre problemáticas que afectan a las personas y al medio ambiente, por ejemplo, tienen,  en la escuela destinatarios inexistentes, desde autorías que sólo son gratificadas con notas para los boletines escolares, lo que  no ofrece  satisfacciones  reales a los alumnos en el deseo de aprender y de disfrutar los trayectos escolares; lo que conduce a los alumnos a ser  “apáticos y violentos” en la adolescencia.
El blog permite desviar el modelo  clásico de la educación y transformar  la desigualdad en el uso del dispositivo escolar del enseñar/aprender/evaluar.  Sirve para elucidar que la incorporación de datos aleatorios y de manera compulsiva que sólo sirven para  “llenar las mentes” y cubrir los tiempos y espacios escolares no producen saberes y atentan contra las infancias y su desarrollo.
Los docentes deberían promover que los alumnos tengan su propio blog. Para las escuelas que no cuentan con conexión en red, se  promoverían visitas a un ciber o la participación de la familia en la creación y seguimiento del blog en la computadora del hogar o se podría utilizar  bitácoras con plantillas vacías y compartirlas en el  espacio áulico o en “ferias de ciencias” escolares o interescolares.
Se invalidan las  excusas de las “pobrezas” de los alumnos, ya que son los niños que provienen de exclusiones familiares y  sociales, los que también tienen mayores índices de  abandono y  fracasos escolares. El uso  de las nuevas tecnologías debería servir para mejorar la enseñanza y romper los discursos  de profesías autocumplidas de que  los niños pobres no aprenden.

Necesitamos  docentes formados para utilizar pedagógicamente la tecnología digital, explorando, junto a sus alumnos, nuevas formas de aprender.
La creación del blog no está previsto como una forma de utilizar las tecnologías para entretener o para ocupar los recursos de la escuela y mantener aportes económicos de programas nacionales como PIIE, por ejemplo.
Los alumnos, con esta metodología podrían  usar formatos textuales donde desarrollen sus  pensamientos y aprendizajes de las distintas asignaturas. Se daría una verdadera interdisplinariedad desde la lengua y  lenguaje como transversal, ya que el alumno, más allá de  las competencias  lingüísticas, desarrolla competencias comunicativas, que la escuela tradicional no promueve.
La resignificación del blog con fines pedagógicos permite también cambiar la mirada  de la evaluación, ya que serían los alumnos los que elegirían sus mejores producciones, con regularidad pactada entre docentes y alumnos, para ser evaluados  en competencias  y aprendizajes prioritarios.
Con el blog, los alumnos son autores y  saben que tienen destinatarios reales, lo que hace más atractivo el aprender.
Tomando las imágenes usadas por el sociólogo polaco Zygmunt Bauman, para describir la situación de la educación en la Ilustración, que es la de la contraposición entre un guardabosque y un jardinero y adaptándola a lo dicho anteriormente y al rol del docente en el siglo XXI, puedo llegar al título de esta obra, considerando que: el guardabosque es alguien que protege la proliferación de la vida en el interior de un territorio; el jardinero es alguien que trabaja minuciosamente dentro de ese territorio para que la vida no prolifere, sino para que se desarrolle de manera ordenada.


La metáfora del jardinero de Zygmunt Bauman hace referencia a la contraposición entre culturas cultivadas, producidas, dirigidas y diseñadas por una parte y las culturas silvestres o “naturales” por otra. En la primera prima la noción de la necesidad de un poder que ejerza un diseño artificial, ya que el jardín en que la sociedad se ha convertido no tiene los recursos necesarios para su propio sustento y autorreproducción por lo que es dependiente de este poder. En las culturas silvestres, en cambio, los recursos de autorreproducción estaban en la propia sociedad y en sus lazos comunitarios, lo que les permitía saber cuáles eran las malas hierbas, las malezas, y cómo eliminarlas.
Dichas malezas que crecen en las periferias de la sociedad serán los pobres entendidos como clases peligrosas sobre los cuales se aplican y recaen las fuerzas del poder pastoral, al decir foulcaultiano, aunque Bauman, de un modo más inquietante, ha señalado que la realización completa del Estado jardinero se encuentra en el Estado totalitario propio del siglo XX, que encuentra sus malezas ya sea en el judío o en cualquier sujeto posible del genocidio. En ultima instancia el genocidio sería la máxima concreción de la jardinería social, la depuración de las malezas en función de la concreción de una imagen de lo que el jardín debe ser. Nótese que esta metáfora se afirma en la noción de biopoder, y sus técnicas anatomopolíticas y biopolíticas, de Michel Foucault. Para ver cómo el autor ha seguido desarrollando la metáfora del jardinero como Estado totalitario y su expresión en el genocidio; Zygmunt Bauman. “Modernidad y Holocausto.” Pág. 148 y siguientes. Para las implicancias estéticas de esta metáfora ver “La posmodernidad y sus descontentos.” Pág. 13 y siguientes.



 
Un país diferente: Jóvenes, TIC y Desarrollo
Un país diferente
Jóvenes, TIC y Desarrollo

"El proyecto TEDEL fue pensado como una estrategia posjble para lograr un desarrollo diferente, equitativo, equilibrado, integrado e integrador", afirman Angélica Abdallah, Mercedes Martín y Flavio Ruffolo, autores de Un país diferente, jóvenes, TIC y desarrollo, nuevo libro editado por Prometeo.


En esta novedad editorial se describen cinco experiencias de investigación y promoción de iniciativas de desarrollo local mediante la aplicación de nuevas formas de trabajo. Este proceso se orientó hacia el desarrollo profesional, cultural y social de un pequeño grupo de jóvenes argentinos de cinco pueblos de Buenos Aires, Santiago del Estero, Chaco, La Pampa y Catamarca, comunidades enclavadas en territorios postergados por la distancia con los grandes centros urbanos y por las difíciles condiciones de vida.

Es en este sentido que en el libro, al igual que en el proyecto Tedel, los autores han depositado saber y experiencia académica y profesional, pero también sentimientos y deseos de construir una sociedad mejor.

Para más información o entrevistas con los autores:

Prensa Editorial Prometeo

Mónica Irina Dombrover

4862-6794 / prensa@prometeoeditorial.com


El proyecto TEDEL (Teletrabajo, nuevas formas de trabajo y desarrollo local) ha sido implementado por la Asociación Argentina de Teletrabajo y consistió en la imprementación de cinco experiencias piloto de investigación y promoción de iniciativas de desarrollo local mediante la aplicación de nuevas formas de trabajo.

Se desplegó a lo largo de cinco localidades del territorio argentino: Benito Juárez (Buenos Aires), Fernández (Santiago del Estero), Villa Ángela (Chaco), 25 de mayo (La Pampa), Belén (Catamarca).

TEDEL ha sido un proyecto innovador, de investigación aplicada, cuya riqueza reside en su capacidad de introducir a las comunidades en el uso y apropiación de TIC, colocándolas en el camino de las nuevas formas de trabajo, abriéndose las puertas de la Sociedad de la Información y presentándolas para insertarse en la nueva economía. Entre sus elementos principales se destacan el teletrabajo, las nuevas formas de trabajo y el desarrollo local como factores de generación de nuevas oportunidades de empleo en pequeñas y medianas localidades semi rurales


AUTORES
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Angélica Abdallah
Consultora e Investigadora independiente en el área de Nuevas Tecnologías aplicadas a la Educación, el Trabajo y el Desarrollo Social y Local (TICpD).
Lic. en Administración (Universidad Argentina de la Empresa).
Asesora y consultora de Empresas (www.gestiontotal.com.ar) y Docente de Educación Superior.
Miembro del Equipo Directivo de la Asociación Argentina de Teletrabajo (www.aat-ar.org).
Directora del Proyecto "TEDEL. Teletrabajo, nuevas formas de trabajo y desarrollo local" (www.tedel.org).
Miembro de la red somos@telecentros (www.tele-centros.org) y de telecentre.com (www.telecentre.org).

Mercedes Martín
Licenciada en Ciencias de la Educación (Universidad de Buenos Aires, Argentina).
Especialista en Educación y Nuevas Tecnologías (FLACSO).
Docente de la Carrera Ciencias de la Educación, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata.
Miembr
o del Equipo Directivo de la Asociación Argentina de Teletrabajo (www.aat-ar.org).
Investigadora principal del Proyecto TEDEL (Teletrabajo y Desarrollo local. Nuevas formas de trabajo para el desarrollo) - www.tedel.org.
Consultora de Capacitación en Empresas (www.andamioseducativos.com.ar).
Moderadora de nodos y espacios virtuales de trabajo y aprendizaje.


Flavio Ruffolo
Profesor de Historia, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires.
Magister en Dirección Estratégica de Recursos Humanos, Universidad de Buenos Aires.
Estudios con especialización en Historia Económica (Universidad de Pavia, Italia, y Universidad de Wisconsin, US).
Profesor Adjunto de la Facultad de Ciencias Económicas y en el Ciclo Básico Común de la Universidad de Buenos Aires.
Miembro del Equipo Directivo de la Asociación Argentina de Teletrabajo (www.aat-ar.org).
Consejero Administrador del Banco Credicoop Cooperativo Limitado.
Investigador y autor de varias publicaciones especializadas en el país y en el extranjero.
Investigador principal del Proyecto TEDEL (Teletrabajo y Desarrollo local. Nuevas formas de trabajo para el desarrollo) - www.tedel.org.
Fue consultor del Instituto Nacional de Administración Pública y en Carlos Altschul Consultores.

INFORMACIÓN BIBLIOGRÁFICA
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Un país diferente. Jóvenes, TIC y desarrollo

Relato basado en la experiencia del Proyecto TEDEL

Autores: Angélica B. Abdallah, Mercedes Martín y Flavio Ruffolo

ISBN: 978-987-574-238-3

196 páginas
Precio: $ 39



Del moldeado a la modulación
" ...cada sociedad se hace un cierto ideal de hombre, de lo que él debe ser tanto desde el punto de vista intelectual como físico y moral ; que dicho ideal es, en cierta medida, el mismo para todos los ciudadanos; que a partir de cierto punto se diferencia según los medios particulares que toda sociedad comprende en su seno. Ese ideal, a la vez uno y diverso, es el polo de la educación. Esta tiene pues, por función suscitar en el niño: 1°, cierto número de estados físicos y mentales que la sociedad a la que pertenece considera que no deben estar ausentes en ninguno de sus miembros; 2°, algunos estados físicos y mentales que el grupo social particular (casta, clase, familia, profesión) considera igualmente que deben estar presentes en todos aquellos que la integran (...) La sociedad no puede vivir a menos que exista entre sus miembros una suficiente homogeneidad (...) Pero, por otro lado, sin cierta diversidad, toda cooperación se volvería imposible: la educación asegura la persistencia de esa diversidad necesaria diversificándose ella misma y especializándose."

DURKHEIM, Émile. Educación y Sociología, Schapire Editor, Buenos Aires, 1974.

La figura del “autodidacta” acaso sea la contracara de la operación de moldeado que llevó a cabo la Ilustración en las distintas “instituciones de secuestro”, en particular en la escuela. El autodidacta es aquel que se resiste a ser considerado una tábula rasa, y que busca formarse por medios distintos a los que le imponen los discursos y obligaciones sociales. El escritor argentino Roberto Arlt, que fue echado de la escuela en tercer grado “por inútil”, es considerado el “autodidacta” por antonomasia de las letras criollas. Como lo ha advertido Ricardo Piglia, en El juguete rabioso (1926), el robo a la biblioteca y el incendio a la librería perpetuados por Silvio Astier, tal vez funcionen como pequeñas rebeliones a ese modo hegemónico de concebir el saber y la cultura letrada.
  La participación activa del alumno: el joven receptor pasivo, la materia inerte dispuesta a recibir la forma proveniente del docente, es llamado a colaborar activamente en su propia formación. Esto es, se lo considera alguien provisto de forma, y cuyo moldeado no está limitado al espacio de una clase, un año lectivo o una institución educativa, sino que supone que su cuerpo y su conciencia deben ingresar en su proceso de formación ya no como la arcilla amorfa, sino como una materia cuya forma tiene que entrar en resonancia con la forma que se pretende dar. Y esa forma debe cambiar a mucha más velocidad porque ya no está ritmada exclusivamente por las tecnologías de moldeado previstas por la clase, el aula, el año lectivo, la institución. Que el alumno deba participar significa que su palabra no tiene que ser la palabra del docente retomada, sino que ambas palabras, la del docente y la de los alumnos, tienen que entrar en resonancia. Se trata de un conflicto que todo docente debe gestionar con cuidado, porque las instituciones educativas fueron creadas con el principio del moldeado y la participación de los alumnos, como muchos de nosotros habremos experimentado, no siempre es una garantía de mejora de la función docente. En la participación activa del alumno reaparece la particular pedagogía de Jacotot durante el siglo XIX.
  La formación permanente del docente: el docente ya no se percibe a sí mismo como el transmisor de los contenidos universales. A medida que la materia amorfa es considerada parcialmente formada, su propia función de molde está en tela de juicio. Como dirá Deleuze, en las sociedades disciplinarias las personas eran alumnos por un tiempo, pero hoy todos son alumnos. Y entre los principales alumnos están los docentes. Los organismos que regulan a la docencia exigen que el docente esté continuamente incorporando nuevos conocimientos. Dicho de otro modo, en tanto nunca deja de ser alumno, el docente nunca termina de ser docente. Este mismo curso puede estar funcionando, para algunos de ustedes, como una de esas instancias de “formación permanente”, lo que nos llevaría a otra paradoja, distinta de la desigualdad y la igualdad en los tiempos de la Ilustración: lo que se aprendería aquí es que estamos en un proceso donde nunca se deja de aprender. Este curso, con su contenido, afirma que ya no hay contenidos definitivos. Como ocurre con la participación activa del alumno, la exigencia de la formación permanente hace estallar no pocos conflictos en el seno de la institución educativa, porque lo que está en juego es la tensión entre una ignorancia admitida (el “maestro ignorante”, para continuar con el ejemplo de Jacotot, que todos debemos asumir que somos como incentivo para “superarnos”) y una ignorancia impuesta (el maestro “hecho ignorante” que debe multiplicar sus cursos para mejorar su puntaje y continuar en la función docente).
  La crisis de los conocimientos universales: si el alumno debe participar y el docente debe seguir siendo alumno para ser docente, parece claro que los contenidos mismos de la enseñanza entran en un proceso de redefinición permanente. La adquisición y transmisión de los conocimientos universales suponen que existe un momento en que dichos conocimientos pueden ser tomados en su totalidad. Cuando la formación es permanente y cuando el conocimiento del alumno cuenta, esa noción de totalidad desaparece; es tan evidente esta cuestión que son los propios organismos educativos, garantes de dichos conocimientos, quienes llevan a sus docentes hacia la no interrupción de su formación. Esta crisis es doble. Por un lado, existen efectivamente nuevos temas, nuevas teorías, hasta nuevas ciencias y saberes que deben ser incluidos en las currículas. Por el otro, se desarrollan nuevas teorías pedagógicas que intentan complejizar la figura del moldeado hacia la modulación, cambiando hasta la división misma de los saberes (todas las reformas educativas de los últimos años, las más aceptadas y las más controvertidas, son ejemplos de esto). El docente debe tener la flexibilidad suficiente para incorporar nuevos conocimientos, así como nuevos modos de impartirlos.

Mucho antes del período que se dio en llamar Ilustración, la Antigüedad había concebido a la acumulación de conocimiento como la fuente más importante del saber. La biblioteca de Alejandría, fundada por Alejandro el Magno e incendiada en el 391 DC, fue leída como un símbolo de ese poder que anidaba en el interior de cada libro. En la “Biblioteca de Babel”, Borges escribe: “cuando se proclamó que la Biblioteca abarcaba todos los libros, la primera impresión fue de extravagante felicidad. Todos los hombres se sintieron señores de un tesoro intacto y secreto. No había problema personal o mundial cuya elocuente solución no existiera: en algún hexágono”. Evidentemente algo de esta confianza en los libros y aquello que pueden enseñarnos prevaleció en los cimientos sobre los que se erigieron las escuelas y universidades modernas. No menos cierto es que esa confianza muchas veces fue puesta en duda, avenida la crisis moderna.
Para completar el carácter complejo y abierto de este panorama, basta señalar,  que estas transformaciones no obedecen en forma exclusiva a modificaciones internas al proceso educativo sino que las mismas instituciones educativas, en países como Argentina, están llamadas a cumplir roles inéditos, relacionados con la crisis política y socioeconómica, mientras se les exige que adapten su papel regulador, que es el de aprobar a los alumnos para permitirles continuar con el moldeado, a la nueva situación. Así, por ejemplo, si las escuelas públicas reciben fondos provenientes de distintos programas de financiamiento para paliar sus dificultades económicas, sea de ONGs o de los propios gobiernos nacionales o provinciales, en la medida en que dichos fondos dependen de la cantidad de alumnos, estas escuelas funcionarán de manera clientelar: un alumno significa dinero para seguir funcionando, con lo cual la cuestión del examen se desdibuja completamente y los conocimientos dejan de importar. Sin abrir en este punto el debate profundo acerca de la educación pública y la privada, no se puede desconocer este tipo de situaciones. Otro ejemplo es el del rol social de la escuela pública: si una escuela está ubicada en un barrio de muy escasos recursos, o en una villa de emergencia, su actividad estará relacionada casi exclusivamente con la contención social. ¿Cuál es allí la docencia que se ejerce? ¿Cuál es el criterio para considerar exitoso el moldeado? Nos aproximamos entonces a una nueva versión de la transformación del moldeado, que ya no es su paso por la modulación educativa, sino la entrada de la escuela en otro proceso social que quizás siga siendo educación, pero no la educación clásica.
En síntesis, la escuela deja de ser el “templo del saber”; no sólo porque hoy está en relación con otro tipo de actividades, sino porque en tanto templo el sacerdote que oficia la misa no sabe exactamente qué tiene que decir ni cómo hacerlo y los feligreses ahora pueden participar de la manera en que se desarrolla de la misa, e incluso modificar en algo sus contenidos. Sin embargo, aquí es donde nuevamente debemos adoptar un punto de vista descarnado, distante, porque la escena, tal como la hemos visto, sólo destaca el borramiento de ciertos aspectos clásicos de la educación y coloca al docente en un lugar semejante al de la “víctima” que sufre cambios en los que nada tiene que ver. Más allá de que esa pueda ser la impresión íntima de más de un docente, esta posición carece de fuerza para actuar en la institución educativa. ¿Por qué no ver en el nuevo escenario una oportunidad para experimentar lo que pueden esos cuerpos que ya no están moldeados, para crear? ¿Por qué no considerar la modulación, según el triángulo propuesto, como una revitalización de la relación entre el docente, el alumno y el espacio educativo, dominado durante muchos años por los roles fijos asignados por la “transmisión de conocimientos”?
La escuela es una de las instancias donde se manifiesta más ostensiblemente el desarme del dispositivo disciplinario. En lo que tiene que ver con la modulación, su quiebre respecto de la figura tradicional de moldeado implica tanto el lugar de una nueva determinación “externa” a la experiencia docente como una condición de posibilidad de la invención de un nuevo tipo de docencia. Es por ello que la discusión sobre la modulación reviste particular importancia para problematizar la docencia hoy y dotarla de nuevos espacios de actividad, experimentación y transformación. Si de ambas caras de la modulación se elige la determinación, entonces la figura de víctima es la que mejor responderá a la autopercepción del docente. Pero en la medida en que la escuela, hoy mismo, está produciendo nuevas subjetividades, tratando con problemas novedosos, gestionando de algún modo el cambio general de roles de las instituciones disciplinarias, trabajando en otros escenarios donde ya no hay recetas como en la gestión educativa tradicional, existe un lugar creativo que el docente se encuentra efectivamente ejerciendo, lo perciba o no. Se trata, entonces, de potenciar este lugar para hacer de la modulación una condición efectiva de la educación y no meramente la acción que tomó la posta de un moldeado en vías de extinción para continuar con una idea de educación que irá encontrando, de ese modo, más obstáculos que positividades.
Quizás necesitemos observar la escena como si nunca la hubiéramos visto. Hay un espacio, que puede ser más o menos amplio, donde se disponen una cierta cantidad de personas sin moverse demasiado durante una cierta cantidad de tiempo (encierro). Los cuerpos dentro de ese espacio parecen obedecer a dos o tres posturas que se mantienen durante ese tiempo sin cambiar demasiado (moldeado). Existe un cuerpo que concentra las miradas y a la vez de este cuerpo parece emerger una especie de centro que mantiene a raya los movimientos del resto de los cuerpos (vigilancia). Si además de despertar la vista despertamos nuestros oídos, veremos que ese cuerpo “central” emite palabras constantemente y que los demás cuerpos sólo hablan como un efecto de reacción (monopolio de los contenidos). Y si además de despertar los sentidos tratamos de entender qué está pasando, veremos que al menos ese cuerpo “central y monopólico” parece ejercer una autoridad derivada justamente de la emisión de esas palabras (legitimidad), apoyado por un dispositivo visual que refuerza su centralidad (el pizarrón).
Se intentará entonces trabajar acerca de todas las modificaciones que se produjeron en los últimos años en esta escena y qué escenarios nuevos de pensamiento y acción emergen.
1. ¿Consideran que los cinco vectores en relación con las crisis  o algunos de ellos siguen manteniendo su vigencia en la educación actual?
2. ¿Podría agregarse algún vector más o algunas crisis, cuyos aspectos no estén comprendidos en los ya citados?
 3. ¿Qué queda de la escena  descripta en el cierre del texto?
4- ¿Qué ejemplos de su experiencia docente pueden aplicarse a  los  esquemas presentados ?
Para saber más : se podría analizar la figura de las “sociedades de control” de Gilles Deleuze como un modo privilegiado de vincular esta problemática a la cuestión de las “nuevas tecnologías de información”, que no es en principio, por más que lo parezca, un problema “tecnológico”. “Los medios del buen encauzamiento”, en Michel Foucault, Vigilar y castigar, varias ediciones

Freud, S.( ) Tótem yTabú
Santos Guerra, M. (2008) Enseñar o el oficio de aprender, en Conferencia 7° Congreso Internacional de Educación Santillana , Buenos Aires: Aula Santillana.

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